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  Félix Peña

ARGENTINA Y BRASIL EN EL SISTEMA DE RELACIONES INTERNACIONALES

 

Ediciones Nueva Visión SAIC, 1973.

Colección Fichas
Dirigida por Guillermo Rabinovich

Prefacio

Hélio Jaguaribe

Con este libro, Celso Lafer y Félix Peña ofrecen una contribución extremadamente lúcida y bien fundamentada para la comprensión de la situación de la Argentina y el Brasil en el actual sistema internacional. Ambos son jóvenes cientistas políticos con excelente formación académica y un ya significativo acervo de obras, que en estos estudios confirman y superan el alto nivel de calidad de sus trabajos anteriores.

Apoyados en dos estudios previos en los que analizaban, a partir de presupuestos básicos semejantes, la política exterior de la Argentina y el Brasil, Peña y Lafer elaboran en conjunto un estudio de las condiciones internacionales en que se encuentran los dos países dentro del contexto latinoamericano. Este estudio central con el cual se inicia el presente libro expone el actual cuadro internacional, sus características y las posibilidades que en él existen o persisten para que los países subdesarrollados y dependientes logren asegurarse condiciones autosustentables de continuado desarrollo y un margen apropiado de autonomía internacional. Los estudios de casos de la Argentina y del Brasil realizados, respectivamente, por Peña y Lafer, ayudan en forma suscinta y objetiva a comprender las oscilaciones de la política exterior de estos países entre su inclinación hacia la dependencia y sus intentos de autonomía, estableciendo las opciones que actualmente se les abren, sus requisitos, sus factores determinantes y sus márgenes de posibilidad.

Las dos características centrales del presente sistema internacional, observan Peña y Lafer, son la relativización de su bipolarismo por el equilibrio nuclear y la importancia creciente de la bi-segmentación, que enfrenta a las naciones subdesarrolladas del sur con las superdesarrolladas del norte, en tránsito de la saciedad industrial a la postindustrial. El bipolarismo persiste, en términos militares y estratégicos, pero la impasse del equilibrio nuclear conduce a una amplia neutralización ideológica del mundo, en donde la confrontación industrial-tecnológica pasa a tomar el lugar de la antigua guerra fría. Lo que importa es el acceso a los mercados y su dominio, así como la innovación tecnológica y el control de la transferencia de tecnología.

Los Estados Unidos, en este cuadro, viven al mismo tiempo un período de apogeo industrial-tecnológico y de profunda crisis político-cultural. Está en crisis, internamente, el propio pluralismo sobre el cual se fundó tradicionalmente la sociedad norteamericana, al revelarse poco capaz de incorporar los nuevos sectores de la sociedad que exigen condiciones más ecuánimes de participación. Y está en crisis, externamente, el propio Imperio Norteamericano -ese imperio sin fronteras y sin deliberado imperialismo- que expresa y realimenta el éxito industrial-tecnológico de la sociedad norteamericana. Las dos crisis son interdependientes: o reafirmación del pluralismo, con mayor y efectiva igualdad interna y la construcción, externa, de un commonwealth de naciones, estratificación de poder, interna y externamente, con una sociedad de élites y masas tecnológicas, en un sistema internacional de dominadores y dominados.

Frente a la debilidad que aún caracteriza a su conciencia política, esta situación representa para América Latina un terrible desafío, pero al mismo tiempo le proporciona una línea de salida. La neutralización ideológica del mundo y el actual compromiso que asumen los Estados Unidos ante su propia crisis abren, por cierto plazo, un espacio de maniobra política industrial-tecnológica que puede ser aprovechado por América Latina para lograr una rápida promoción de su desarrollo. Pero es indispensable para ello que se incremente el poder de negociación internacional de los países de la región a través de una integración latinoamericana sufi-cientemente operativa. Esta, a su vez, presenta como una de sus principales condiciones previas una alianza para el desarrollo entre la Argentina y el Brasil.

Frente a este análisis del cuadro internacional, de sus riesgos y posibilidades, adquiere particular significación el estudio de la política exterior de la Argentina y el Brasil. En efecto, resulta claro que, dada la relevancia de los dos países en el cuadro latinoamericano y particularmente en el subsistema sur de la región, sólo si ambos optan por una política externa independiente y actúan coordinadamente en pro del desarrollo integrado de América Latina, podrá ésta realizar sus virtualidad es en el sistema internacional.

¿Puede esperarse una política externa independiente y lúcidamente latinoamericana de parte de la Argentina y el Brasil?

Los dos estudios de caso que conforman este libro constituyen un aporte, importante para la discusión de este tema crucial. Elaborados en forma independiente, convergen singularmente en los métodos de análisis y en las conclusiones a las que arriban. De estas conclusiones se advierte, en última instancia, que ambos países presentan en su pasado tanto una marcada propensión a la dependencia como significativos intentos de autonomía. La Argentina, desde la época de Roca a la crisis de 7930, vive una próspera y consentida dependencia. La crisis del 30 perturba irremediablemente ese estado de cosas y conducirá, con Perón, a una primera experiencia de independencia internacional. El Brasil, con una tradición de independencia en el Imperio, sigue con Río Branco una política de alianza táctica con los Estados Unidos que se convertirá en dependencia tradicional hasta la Segunda Guerra Mundial y en dependencia ideológica con la guerra fría. Quadros y Santiago Dantas lanzan, con éxito, una nueva político externa independiente. Pero la crisis del populismo, tanto en la Argentina como en el Brasil, traerá en la onda de la restauración conservadora un retorno ideológico a la dependencia.

Pero, entretanto, las estructuras socio-económicas de ambos países, cuyo proceso de industrialización les impone, por encima de las opciones y mitos ideológicos, demandas de autonomía solamente alcanzables a través de una política exterior correspondiente, se han modificado. Y surgen así, en la actualidad, nuevas condiciones para una política externa independiente, guiada no por preferencias dictadas por valores o estilos determinados, sino por exigencias internas de orden pragmático. La misma neutralización ideológica que prevaleció en las relaciones internacionales condujo, a nivel de cada país, a una diferenciación entre las ideologías internas y las demandas pragmáticas de las relaciones internacionales.

Séame permitido apuntar que esta nueva oportunidad para una política externa independiente del Brasil y de la Argentina -y hay indicios de que cautelosamente' algo· se está haciendo en esa dirección-, además de ser un requisito sine qua non para el desarrollo de ambos países y de la América Latina en general, es, por otro lado, algo que sólo podrá alcanzar se a partir de una aproximación verdaderamente pragmática y operacional. Es que en ambos países -y sobre todo en Brasil- no será probablemente posible, en los próximos años, lograr un elevado grado de coherencia interna entre sus círculos dirigentes, sus ideologías de autolegitimación y sus intereses o largo plazo. Cualquier intento de basar una política externa independiente y lúcidamente latinoamericano en un sistema político-ideológico coherente pondrá en jaque los centros internos de poder y sus mitos legitimadores, forzándolos a sacrificar los intereses de· largo plazo de sus respectivos países en beneficio de sus inmediatos intereses de clase y de control del poder. Por el contrario, una aproximación pragmático-operativa, externamente coherente pero internamente auto-compartimentada y poco interesada en compatibilizar entre sí todas sus premisas, tornada posible, en lo Argentina y en el Brasil, una política exterior independiente, orientada hacia el desarrollo y la integración del sistema latinoamericano, aun cuando esos países continúen todavía por varios años internamente dirigidos por tecnocracias de sentido conservador.


 
Diseño y producción: Rodrigo Silvosa