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  Félix Peña

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SE HA INICIADO LA ETAPA FINAL DE LAS NEGOCIACIONES:
Tanto en el Mercosur y la UE como en el ALCA llegó la hora de la "letra fina"


por Félix Peña
Noviembre 2003


Luego de las reuniones ministeriales celebradas en Bruselas (12 de noviembre) y en Miami (20 de noviembre), parece razonable trabajar con la hipótesis de que en los plazos originalmente previstos se concluirán acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

En el caso de la Organización Mundial del Comercio (OMC), recién al concluirse el próximo 15 de diciembre la reunión de su Consejo General, podrá efectuarse una estimación de los plazos que requerirá el cumplimiento de la agenda acordada en Doha.

Tres conclusiones pueden extraerse de las recientes reuniones ministeriales de Bruselas y de Miami.

La primera conclusión es que se ha manifestado por parte de los principales protagonistas una clara voluntad política de concluir las negociaciones en los plazos fijados. Las motivaciones para tal voluntad política pueden variar. Quizás el temor a los costos políticos internos de un fracaso haya incidido en la relativa flexibilización de algunas de las posiciones. Los efectos del fracaso de Cancún pueden haber influenciado en la búsqueda de posturas más equilibradas. Además los negociadores experimentados dirían que la sensación de fracaso siempre aflora en vísperas de los acuerdos. A veces son la antesala del acuerdo final. A veces son parte de las tácticas negociadoras, particularmente cuando hay en las agendas cuestiones de fuerte sensibilidad en las respectivas opiniones públicas.

La segunda conclusión es que es probable que muchas de las cuestiones más sensitivas incluidas en las agendas negociadoras actuales, seguirán pendientes una vez firmados los respectivos acuerdos. Lo que concluiría el año próximo sería entonces la base de lo que, en el futuro, serán procesos negociadores continuos. Pero aún así, los textos se firmarán sólo en la medida en que lo que finalmente se acuerde refleje ganancias mutuas para todas las partes. De lo contrario no habría acuerdo.

Si este pronóstico es correcto, a partir del 2006, cuando los respectivos Congresos hayan aprobado lo acordado, tanto en el ámbito del ALCA como de la Asociación UE-Mercosur se continuará negociando para desarrollar y completar lo hasta allí logrado.

El hecho que los acuerdos deben ser aprobados por los parlamentos, puede explicar la cautela que tendrán los negociadores de acordar textos que puedan ser rechazados por las respectivas opiniones públicas. Ello puede ser particularmente cierto en el caso del ALCA, donde tanto el Congreso de los Estados Unidos, como los de los países latinoamericanos -especialmente en casos como el del Brasil y la Argentina- pueden ser el ámbito de debates muy intensos y de fuerte repercusión pública. Ello se ha observado recientemente, por ejemplo, con la aprobación del acuerdo de libre comercio entre Chile y los Estados Unidos, por parte del Congreso chileno.

La tercera conclusión es que tanto lo que ocurra en el intenso y complejo tramo que falta aún recorrer para terminar esta etapa de las negociaciones, como luego lo que ocurra en el desarrollo de las etapas siguientes, seguirá fuertemente condicionado por la evolución de las negociaciones en la OMC.

No hay que excluir la posibilidad de que también en éste ámbito se desdoblen los resultados en dos o más etapas, con un formato de pasos incrementales y de compromisos de múltiples velocidades y de geometría variable.

A partir de ahora ambas negociaciones -las del ALCA y las del Mercosur con la UE- entran en la etapa más compleja, en la que deberán articularse los intereses de las partes en materia de accesos a mercados y deberá definirse la letra fina de los respectivos textos, especialmente en cuanto a las reglas que se aplicarán a cuestiones muy sensibles como son las compras gubernamentales, los servicios, las inversiones y la propiedad intelectual. Se sabe que en materia de negociaciones comerciales internacionales, es en el detalle donde está el diablo. Para dar una idea de la complejidad de la etapa final de las negociaciones, sólo en el caso del texto principal del ALCA -esto es sin los anexos con los compromisos de desgravación arancelaria, las reglas de origen y las aperturas comprometidas en servicios- ya tiene unas seiscientas páginas. El tercer borrador publicado el 21 de noviembre puede obtenerse en la página web del ALCA (www.ftaa-alca.org).

Para lograr ello se han establecido en ambos casos cronogramas a la vez apretados y ambiciosos. Por ejemplo en el caso de las negociaciones con la Unión Europea, la próxima reunión del comité de negociaciones birregionales está prevista para los días 1º al 5 de diciembre. Y en ambos casos se estima concluir hacia el próximo mes de octubre.

En el caso del ALCA las negociaciones serán más complejas por el formato acordado finalmente en Miami. Habrá un acuerdo básico con compromisos comunes a todos los países en todos los temas. Y luego quienes así lo consideren conveniente podrán avanzar más rápido asumiendo compromisos más intensos. Será entonces un ALCA de geometría variable y de múltiples velocidades. Es prematuro aún para concluir cómo se insertarán los países del Mercosur y el Mercosur como conjunto, en la arquitectura prevista para el ALCA. Con más perspectiva será un tema a abordar en la próxima nota.

Teniendo en cuenta el panorama resultante tras las reuniones de Bruselas y de Miami -y reconociendo que tal panorama sólo estará más completo luego de la reunión del 15 de diciembre en la OMC- cabe interrogarse sobre la lectura que las empresas pueden efectuar sobre el impacto -positivo o negativo- que las negociaciones tendrán en sus futuras ventajas competitivas.

Imaginemos al respecto una empresa que opera en la Argentina -y por lo tanto en el Mercosur- y que está desarrollando o intenta desarrollar una estrategia de internacionalización -por tanto no sólo de exportación ni de comercio exterior, sino también de inversión productiva y de innovación tecnológica- en función de los mercados ampliados por las negociaciones en curso. Es decir una empresa que pueda tener en su perspectiva estratégica intereses, a la vez ofensivos y defensivos, respecto a los mercados con los cuáles en adelante se integrarían la Argentina y sus socios del Mercosur por medio de acuerdos de libre comercio. En realidad, sería difícil imaginar en el mundo de hoy a una empresa que aspire a operar en forma sostenida en el comercio exterior de bienes y servicios sin una perspectiva estratégica.

En la lectura que tal empresa efectúe, lo razonable es asumir que en el horizonte del mediano plazo las actuales negociaciones se traducirán en reglas de juego difíciles de modificar, que a la vez que permitirán un acceso más fluido, previsible y menos costoso a mercados de países de alto nivel de consumo y de fuerte desarrollo económico -los Estados Unidos y los países europeos-, significarán abrir nuestro propio mercado y los de nuestros socios -con la consiguiente erosión de las actuales preferencias-.

Además ellas introducirán -en grado diverso y con un escalonamiento temporal variado, según sean los resultados de las negociaciones- condicionamientos para la elaboración y aplicación de políticas publicas vinculadas, entre otros campos, al comercio de bienes y de servicios, a las inversiones, a las compras gubernamentales y a la propiedad intelectual.

En concreto habrá para las empresas desplazamientos de ventajas competitivas -a veces a favor, a veces en contra- y para los gobiernos un menor margen de maniobra en el plano de las políticas públicas.

De allí que las negociaciones hayan sido -y serán aún- tan difíciles y que despiertan tanto interés -e incluso reacciones fuertes- en las respectivas opiniones públicas y en los sectores potencialmente afectados. La cuestión de la legitimidad social de las negociaciones tiene hoy una importancia mayor, ya que ella condiciona la sustentabilidad de lo que finalmente se acuerde.

Tres recomendaciones parecen apropiadas entonces con respecto a las empresas.

La primera es que imaginar los escenarios post-negociadores en la perspectiva de las empresas debería ser un capítulo central de su inteligencia competitiva.

La segunda recomendación es que cuánto más temprano se ponga en práctica una estrategia de absorción del impacto de los escenarios post-negociadores, mayores serán las posibilidades de operar con éxito, sea en el plano ofensivo, sea en el defensivo.

Y la tercera es que en función de su planteamiento estratégico, las empresas tienen aún tiempo de incidir en los resultados de las negociaciones, para lo cual deben prestar suma atención a los próximos pasos que se reflejan en los cronogramas acordados por los gobiernos.


Félix Peña es Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC; Director de la Maestría en Relaciones Comerciales Internacionales de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF); Miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Miembro del Brains Trust del Evian Group. Ampliar trayectoria.

http://www.felixpena.com.ar | info@felixpena.com.ar


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