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  Félix Peña

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EL MERCOSUR TRAS LAS ELECCIONES EN LA ARGENTINA:
Perspectivas sobre sus agendas interna y externa.


por Félix Peña
Mayo 2003


En nuestro informe del mes de enero, nos interrogábamos sobre si se había abierto una nueva etapa en la construcción del Mercosur, tras el inicio en el Brasil del gobierno del Presidente Lula -y sus contundentes definiciones sobre el valor que le atribuye a la alianza estratégica con la Argentina y a la integración regional- y el encuentro de trabajo que mantuviera ese mes con el Presidente Duhalde en Brasilia.

Sosteníamos que resultaba prematuro sacar conclusiones contundentes en el sentido que el Mercosur habría entrado efectivamente en una nueva etapa. Pero sosteníamos que al menos por tres razones las conclusiones podrían ser positivas: el alcance de las definiciones políticas y operativas adoptadas por los Presidentes en el citado encuentro bilateral; la falta de opciones razonables y viables en el corto plazo, y el fuerte compromiso con el Mercosur del nuevo gobierno del Brasil, que tiene delante suyo un horizonte de por lo menos cuatro años.

Tras las elecciones en la Argentina y teniendo en cuenta los pronunciamientos ya efectuados por el Presidente Kirchner -incluso en su viaje, como candidato, para entrevistarse con los Presidentes Lula y Lagos-, y la conocida posición del Ministro Roberto Lavagna sobre el Mercosur -que proviene del período en que tuvo una clara incidencia en el lanzamiento de la relación especial con el Brasil durante la Presidencia de Raúl Alfonsin-, es posible ahora sostener con más firmeza que la construcción del Mercosur ha entrado en una nueva etapa.

Desde el punto de vista de las empresas que operan en la Argentina -sea en el sector de producción de bienes o de prestación de servicios-, ello implica que lo recomendable es introducir en sus planteamientos estratégicos de mediano y largo plazo, el hecho que el desarrollo de un espacio económico regional más integrado incidirá fuertemente en sus competitividades relativas.

Para las empresas expuestas a la competencia económica internacional, la consecuencia práctica debería ser reforzar en lo inmediato sus respectivas capacidades -y las de las instituciones empresarias a las que pertenecen- para seguir los desarrollos del Mercosur con una perspectiva de inteligencia competitiva (ver al respecto la interesante entrevista a Riccardo Riccardi en la Sección Económica del diario La Nación del domingo 18 de mayo, página 16).

Se abre asimismo un amplio espacio para las funciones de asesoramiento y de capacitación que pueden prestar las instituciones financieras y académicas y, en nuestro caso en particular, el Instituto de Comercio Internacional de la Fundación BankBoston. No se trata sólo de contar con cuadros competentes en operatorias de comercio exterior. Lo que es importante es contar con cuadros técnicos propios -o tercerizar los servicios de inteligencia y de asesoramiento necesarios, o compartirlos con otras empresas de la misma ciudad, región o sector-, con capacidad para decodificar las negociaciones comerciales en curso y los propios desarrollos del Mercosur, desde la perspectiva de cada empresa y sector económico, incluso de cada región dentro del país. El modelo canadiense, entre otros, puede brindar elementos de interés para la calidad de la inteligencia competitiva al alcance de las empresas, que puede resultar de la sinergia empresas-gobiernos (incluyendo los municipios y las provincias)-mundo académico-instituciones financieras.

Será necesario, además, conocer cuáles son los canales más eficaces para influenciar, en función de sus intereses respectivos, en el proceso de formulación de políticas públicas y de reglas de juego que incidirán en la futura construcción del Mercosur y en el aprovechamiento de los resultados de las negociaciones comerciales en curso. Tales canales son prioritariamente nacionales -incluyendo los gobiernos provinciales y los locales-. Pero también se requerirá en el futuro, la creación o el fortalecimiento de canales de influencia comunes con las respectivas contrapartes en el Brasil y en los otros socios del Mercosur. Es recomendable en tal sentido una estrategia agresiva de lobby empresario, a fin de lograr que políticas y reglas de juego sean funcionales a sus estrategias de competitividad regional y global.

Es posible prever que una primera consecuencia de escenario planteado por la convergencia de los nuevos gobiernos de la Argentina y del Brasil con respecto al proceso de integración, será la superación del recurrente debate existencial sobre la conveniencia de mantener al Mercosur y sobre su posible dilución, sea en una zona de libre comercio que sustituyera la unión aduanera y al propio mercado común, sea en el espacio de libre comercio hemisférico.

Es un debate que se ha observado muchas veces en la Argentina, pero sobre todo recientemente, en el propio Brasil. La idea, por ejemplo, de una negociación bilateral con los Estados Unidos, sigue estando instalada en el debate interno del Brasil sobre la mejor estrategia a seguir en las negociaciones comerciales internacionales. Incluso la disminución de la importancia relativa de la Argentina para las exportaciones brasileras, se puede reflejar en una pérdida gradual de interés empresario por el Mercosur. El sector automotriz es un ejemplo, pero no el único. Como ocurriera en el momento fundacional -al igual que en Europa en los inicios del proceso de integración en los años 50-, el impulso actual parece provenir sobre todo del gobierno y por factores políticos.

En cierta forma se observa, entonces, un retorno a los momentos fundacionales del Mercosur, incluyendo la etapa de integración bilateral iniciada en 1986. Esto es, al impulso político de la idea estratégica de configurar un amplio espacio económico común, en torno a tres ejes metodológicos principales. El primero es el desarrollo de una preferencia económica resultante de una unión aduanera como paso inicial hacia un mercado común y, en el largo plazo, una eventual unión monetaria. El segundo, es la transformación productiva conjunta en base a la integración de cadenas de valor sectoriales y al desarrollo de una infraestructura física funcional a la fluidez de los intercambios de bienes y de servicios. El tercer eje metodológico, es la apertura al mundo a través de un arancel externo favorable a la competitividad y de la concertación entre los socios en sus negociaciones comerciales con terceros países.

Si ello es así, será posible observar un claro desplazamiento del debate existencial sobre el Mercosur, hacia un necesario debate metodológico acerca de cómo y con qué ritmos deberá ser ahora continuada su construcción. En tal caso pesarán además de los factores y argumentos políticos, los técnicos y los originados en concretos intereses económicos.

Parecería recomendable colocar el debate metodológico en las perspectivas que surgen de dos planos que son complementarios. Uno es el de los requerimientos que cada socio tendrá en función de sus propias políticas de transformación productiva y de cohesión social. El otro plano es el de los escenarios que podrán resultar de la forma en que evolucionen y concluyan -incluyendo los plazos- las actuales negociaciones comerciales en la OMC; en el ámbito hemisférico -en particular con los Estados Unidos, tanto en el formato del ALCA como en un posible formato "4+1", que ha cobrado recientemente más actualidad-; en el ámbito interregional con la Unión Europea, y en el ámbito latinoamericano de la red de acuerdos preferenciales y de libre comercio de la ALADI, especialmente con México y la Comunidad Andina.

En relación a ambos planos, lo importante será reconocer que los requerimientos y los intereses de los actuales socios del Mercosur -e incluso la de sus asociados, en especial Chile- no son necesariamente similares. Por lo menos dos factores inciden en posibles posiciones divergentes. Por un lado, las diferencias existentes en cuanto al grado de desarrollo de sus economías y de sus respectivos sectores productivos. Por el otro, las asimetrías de dimensión económica y de poder relativo. Ambos factores son más notorios con respecto al Paraguay y al Uruguay. Pero tampoco hay que subestimarlos en el caso de la Argentina y del Brasil.

Son potenciales divergencias que pueden expresarse en relación a, por lo menos, dos aspectos cruciales de las metodologías a emplear en la construcción futura del Mercosur.

El primero se relaciona con los ritmos de avance en las negociaciones comerciales con los Estados Unidos y con la Unión Europea. Hay países -o sectores dentro de ellos- que pueden necesitar avanzar más rápido que otros. Las mayores divergencias podrían, eventualmente, producirse en el ámbito de las negociaciones comerciales con los Estados Unidos. Se observa al respecto un fuerte debate dentro del Brasil y la tendencia que parece predominar es la que impulsa a una dilación de los plazos, al menos para todo lo que no sea acceso a mercados de bienes. Los resultados de la próxima visita de Robert Zoellick -el negociador comercial americano- el 27 de mayo al Brasil, deberán ser observados con atención, dado el hecho que ambos países comparten la presidencia de las negociaciones hemisféricas. También será necesario observar la intensidad de las consultas que al respecto el equipo negociador del Brasil, mantenga con sus pares de los países socios del Mercosur.

El segundo aspecto se refiere a los requerimientos de financiación de reconversión productiva que puedan necesitar las empresas -con diferenciaciones sectoriales- expuestas a las nuevas condiciones de competencia económica que plantearán, tanto el perfeccionamiento de la unión aduanera como la apertura que necesariamente resultará de las negociaciones comerciales en curso -lo que dependerá de los plazos en que ellas culminen y en que maduren las aperturas comerciales que se acuerden, y también de la amplitud de sus resultados en términos de los compromisos que efectivamente se asuman, por ejemplo, en materia agrícola, de servicios, de defensa comercial, de propiedad intelectual y de compras gubernamentales-.

En relación a este último aspecto, por lo menos dos fuentes de información permitirían nutrir la agenda de reconversión productiva hacia el futuro.

Una es la del historial de conflictos comerciales que se han manifestado, recurrentemente, en los diferentes ejes bilaterales en la trayectoria del Mercosur en los últimos doce años. Hay sectores y productos en los que tal historial ofrece claros elementos para una agenda de transformación productiva conjunta -tales como por ejemplo, el automotriz y en especial el de las autopartes; el azúcar; los lácteos; pollos y cerdos; calzados, y textiles-. En tal sentido un ámbito de trabajo privilegiado debería ser el de los foros de competitividad, que siguiendo el modelo brasilero al respecto, han comenzado a desarrollarse en el Mercosur. En este plano la nueva Secretaría Técnica del Mercosur, puede cumplir un papel sumamente útil, especialmente si cuenta con la suficiente cooperación técnica y financiera originada en fuentes internacionales, como el BID y la propia Comisión Europea. El hecho que el nuevo Secretario Técnico -Reginaldo Arcuri- haya sido como Secretario de Industria del Brasil, un impulsor de esta mecánica de cooperación en las cadenas de valor sectoriales, puede significar un factor sumamente positivo.

La otra fuente de información, es la de las listas de los productos que han sido incluidos en las "canastas" que prevén una liberación arancelaria de diez años o más, sea en las negociaciones con los Estados Unidos, o en las que se desarrollan con la Unión Europea. Una mayor precisión resultará al respecto, de las negociaciones de ofertas finales ya iniciada con la Unión Europea y que en el caso del ALCA, debería iniciarse a partir del 15 de julio.

El empresario argentino que se prepara para las nuevas realidades que surgirán de un Mercosur fortalecido y de sus negociaciones comerciales internacionales, también se beneficiaría del análisis detallado de los acuerdos de libre comercio de Chile con la Unión Europea y con los Estados Unidos -que se puede efectuar consultando las páginas Web del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile y del USTR-. Especialmente es recomendable el análisis del capítulo IV del acuerdo ya inicialado con los Estados Unidos, referido a reglas de origen específicas, ya que su conocimiento puede ser de suma utilidad para empresas que operan en la Argentina en sectores que compiten con los incluidos en ambos acuerdos. También puede ser de utilidad el análisis de las políticas e instrumentos que el gobierno de Chile ha puesto al alcance de sus empresas -especialmente las pequeñas y medianas-, a fin de fortalecerlas en su capacidad para competir en los nuevos espacios ampliados por los acuerdos de libre comercio.


Félix Peña es Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC; Director de la Maestría en Relaciones Comerciales Internacionales de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF); Miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Miembro del Brains Trust del Evian Group. Ampliar trayectoria.

http://www.felixpena.com.ar | info@felixpena.com.ar


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