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  Félix Peña

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LOS PRÓXIMOS PASOS EN LAS NEGOCIACIONES COMERCIALES DE LA ARGENTINA:
Una agenda cargada que requiere particular atención del sector empresario.


por Félix Peña
Marzo 2003


En todos los frentes negociadores en los que participa la Argentina, se observa una fuerte dinámica. Ella debería intensificarse en los próximos meses. Sin embargo, es difícil prever aún cómo incidirán en las negociaciones comerciales en curso, los efectos del conflicto de Irak y de las significativas disidencias que se observan, al respecto, entre los principales países de la alianza atlántica. En el pasado, al menos, los tiempos de guerra no han sido compatibles con los esfuerzos de construcción de un sistema internacional, basado en la idea de cooperación económica y en el predominio de reglas de juego pactadas entre las naciones.

En el análisis incluido en esta nota estamos asumiendo entonces, que no habría necesariamente un efecto negativo de la posible evolución de la situación internacional en el plano político y de la seguridad, sobre el desarrollo de los objetivos de fortalecimiento del sistema multilateral del comercio internacional, más concretamente, sobre la evolución de las negociaciones abiertas en el marco de la Organización Mundial del Comercio por el Programa de Doha.

Lo que sí parece claro, es que un fracaso de las negociaciones en la OMC, cualesquiera que fueran los motivos que lo produzcan, podría complicar seriamente las negociaciones comerciales hemisféricas en el ALCA, e interregionales entre el Mercosur y la Unión Europea.

Sin perjuicio de la incidencia de factores políticos en el eventual fracaso, lo cierto es que el panorama del componente agrícola de tales negociaciones, no aparece despejado luego de la reciente reunión del Comité de Agricultura en Ginebra. Incluso se observa un endurecimiento de la posición europea con respecto a los esfuerzos de su Presidente, el Embajador Stuart Harbinson (ver el anterior informe en el Newsletter del mes de febrero), para lograr el consenso en torno a las modalidades de la negociación de nuevos compromisos en relación a la agricultura. Los Estados Unidos y el Grupo Cairns consideran que el informe Harbinson es una base para negociar. No así la Unión Europea y otros países. El plazo del 31 de marzo para su aprobación, aparece ahora fuertemente comprometido. Si no se puede cumplir tal plazo, se introducirá un elemento de crisis significativa en las negociaciones multilaterales y se hará más difícil aún llegar a la reunión ministerial de la OMC, a realizarse en Cancún en septiembre próximo, en condiciones de evitar su fracaso.

Los países del Mercosur, entre otros, han sido muy claros en el sentido que sin avances en el plano agrícola no habrá posibilidad de progresar en las negociaciones a fin de concluirlas, tal como fuera previsto en Doha, antes del 1º de enero de 2005. El espectro de un Seatle-II -que evoca el fracaso de la OMC en noviembre de 1999- está instalándose gradualmente entre los negociadores y los especialistas.

Mientras tanto, se sigue avanzando en el cronograma previsto para las negociaciones del ALCA y para las del Mercosur con la Unión Europea. En el marco del ALCA, todos los países han presentado sus ofertas negociadoras. Deberán ellas ser perfeccionadas antes del 15 de junio y el 15 de julio, comenzará la etapa de la negociación de las ofertas revisadas. Luego en noviembre, en Miami, a nivel ministerial podrá efectuarse una apreciación de la posibilidad de concluir las negociaciones hemisféricas en los plazos originalmente previstos.

Los países del Mercosur han considerado que la oferta de los Estados Unidos es insuficiente y discriminatoria. Insuficiente, pues sólo alcanza en el caso del Mercosur, en la etapa inicial, al 50% del comercio en bienes agrícolas y al 58% en bienes industriales. Además no incluye la cuestión de los subsidios agrícolas -tanto a la exportación como a la producción-, ni la de las políticas e instrumentos de defensa comercial. Ambas cuestiones son reenviadas al ámbito de la OMC. Discriminatoria, pues -tal como se había anticipado- la oferta tiene para la etapa inicial de liberalización arancelaria, alcances diferenciales a favor de los países del Caribe, de Centroamérica y Andinos -en ese orden- y menos favorables para los del Mercosur.

A su vez, los países del Mercosur sólo han efectuado su oferta en materia de bienes -unificada para todo el universo arancelario, en plazos de desgravación de hasta 15 años y válida para todos los países participantes en las negociaciones, alcanzando en la etapa inicial al 20% del comercio originado en el Hemisferio, lo que representa unos 25.000 millones de dólares de promedio en el período 1998-2000-, debiendo presentar aún sus ofertas en servicios, compras gubernamentales e inversiones. Sin embargo, Uruguay y Paraguay, incluyeron en sus ofertas los servicios, con el argumento que no existen aún compromisos intra-Mercosur que estén vigentes. Es decir que el Mercosur no ha podido presentar en esta oportunidad un frente unido. Por lo demás, la oferta inicial del Mercosur en materia de bienes, tienen condicionalidades, entre otras la posibilidad de aplicar salvaguardias temporales para proteger la "industria naciente". Antes del 15 de abril, el Mercosur deberá presentar su arancel de base para las negociaciones, que se estima será el actual arancel externo común con un máximo del 20% como techo.

En el marco de las negociaciones con la Unión Europea, el Mercosur en cambio ha presentado una amplia oferta negociadora en materia de bienes. Se trata de la oferta revisada con respecto a la planteada originalmente en 2001, en tanto que en el caso del ALCA se efectuó sólo la oferta inicial.

En la oferta original del Mercosur, sólo el 33% del valor del comercio inter-regional había sido incluido. En la oferta revisada ese porcentaje alcanza el 83.5%, a ser liberado en tres tramos en un plazo de diez años. La oferta cubre 8.042 posiciones arancelarias, que entre 1998 y 2000 alcanzaron un promedio anual de importaciones de origen europeo de aproximadamente 23.000 millones de dólares. Los productos reservados para su desgravación en un plazo superior a los diez años, incluyen algunas autopartes y electrónicos, bienes de capital, productos siderúrgicos, aluminio y también productos agrícolas. La oferta revisada del Mercosur ha sido bien recibida por la Comisión Europea, en el sentido de considerar que ella refleja una real voluntad negociadora.

A su vez, la Unión Europea ha efectuado leves mejoras en su oferta negociadora inicial. Ahora prevé la liberalización del 91% de las exportaciones del Mercosur a la Unión Europea, en un plazo también de diez años.

En ambos casos, el detalle relevante está en los productos excluidos que serán liberalizados luego de los diez años y en el alcance real de las ofertas, tan pronto se consideran medidas no arancelarias que inciden en el acceso efectivo a los respectivos mercados. Con respecto a las ofertas en servicios, compras gubernamentales e inversiones, deberán ser presentadas antes del 30 de abril próximo.

La IX Reunión del Comité de Negociaciones, que se realiza entre el 17 y el 21 de marzo en Bruselas, permitirá apreciar las posibilidades de lograr nuevos avances antes de la reunión ministerial prevista para el último trimestre del año -no se ha fijado aún ni el lugar ni la fecha exacta, pero en todo caso será luego de la ministerial de Cancún de la OMC-. Asimismo, el sector empresario de ambas regiones, tendrá su reunión plenaria en el marco del Foro Empresarial Mercosur-Unión Europea (MEBF), en fecha y lugar a determinar, antes de la citada reunión ministerial. Una de las cuestiones que examinarán los empresarios, será la de los avances logrados en relación al programa de facilitación de negocios, que fuera aprobado -a propuesta del MEBF- en la última Cumbre Unión Europea-Mercosur, realizada en Madrid en mayo de 2002.

Una cuestión central en las negociaciones en curso, será la de las condicionalidades que el Mercosur ha incluido en su oferta en materia de bienes, tanto en lo que se refiere a la protección de la "industria naciente", como con respecto a otras salvaguardias que podrían aplicarse. Pero en particular, las condicionalidades hacen referencia al alcance de la oferta europea en relación a los subsidios agrícolas y a la política antidumping. Asimismo, el Mercosur insistirá en la inclusión de los derechos específicos y no sólo los ad-valorem, y en la eliminación gradual de las cuotas que Bruselas querrá mantener en relación a productos agrícolas sensibles, como carnes, azucar y aceites. Otros puntos delicados en la negociación, serán los vinculados con los denominados picos arancelarios que afectan productos de exportación del Mercosur, los de los precios de referencia que aplica la Unión Europea y que afectan las exportaciones originadas en el Mercosur, y los de las restricciones sanitarias y fitosanitarias.

En concreto, tras la presentación de las ofertas revisadas, a partir de la citada reunión del Comité de Negociaciones en Bruselas, comienza la etapa dura de la negociación comercial entre el Mercosur y la Unión Europea.

En otro frente negociador significativo para la Argentina, se han efectuado progresos. En efecto, entre el 25 y 27 de febrero, se realizó en Buenos Aires la tercera rueda de negociaciones con México. Se desarrollan en el ámbito de una normativa del Mercosur, que autoriza a los socios a encarar negociaciones bilaterales con México en un marco común para todo el Mercosur.

Con México, se ha concluido el primer borrador de acuerdo que trata las cuestiones normativas (en particular, solución de controversias, compras gubernamentales, salvaguardias, servicios, inversiones, medidas sanitarias y fitosanitarias). Las listas de productos con cronogramas de desgravación arancelaria, serán intercambiadas hacia el 28 de marzo. La cuarta rueda de negociaciones se realizará en abril, en México. La intención de ambos gobiernos es cerrar el acuerdo en plazos cortos. También en esta negociación la cuestión agrícola presenta dificultades que, eventualmente, pueden ser serias y complicar la conclusión del acuerdo.

Tres conclusiones, de interés para las empresas, pueden extraerse de los desarrollos recientes en los distintos frentes negociadores.

La primera, es que se ha entrado en una fase decisiva en cada una de las negociaciones, sin que sea posible aún prever el alcance de los resultados a obtener, ni si los cronogramas podrán cumplirse. La suerte de la negociación en la OMC, condicionará a los frentes negociadores en el ALCA y con la Unión Europea. Pero hasta tanto no quede claro si los plazos podrán cumplirse, lo cierto es que en la presentación y revisión de las ofertas negociadoras, se están delineando las futuras condiciones de acceso a los respectivos mercados. En particular, para cada empresa, lo importante es saber en cuál de las respectivas "canastas" de liberalización arancelaria (inmediata, a cinco años, a diez años o más), estarán los productos de su interés. Y en relación a los productos agrícolas, en particular, lo importante será conocer cuáles serán los compromisos que se asumirán en materia de acceso efectivo a los mercados, y en materia de subsidios a la exportación y a las medidas de apoyo interno a la producción. También será importante seguir de cerca la evolución de las negociaciones en materia de medidas de defensa comercial, es decir, en materia de anti-dumping y derechos compensatorios, y en materia de salvaguardias.

La segunda conclusión, es que habrá que contemplar escenarios alternativos a los originalmente imaginados por los negociadores. Ello es más importante en el caso del ALCA. Como se ha señalado en otra oportunidad, la cuestión es saber si finalmente será factible concluir en los plazos previstos, con la creación de una zona de libre comercio, en el sentido del artículo XXIV del GATT-1994, o si por el contrario, el ALCA será el marco común para una red de acuerdos de libre comercio, de alcance bilateral o plurilateral, como los que ya han concluido los Estados Unidos, con México y más recientemente, con Chile (acuerdo que aún no ha sido firmado y que deberá luego ser ratificado por los respectivos Congresos). En el largo plazo, esta segunda opción permitiría converger hacia una zona de libre comercio hemisférica. En la perspectiva de este último escenario, cobra actualidad la idea de entablar una negociación bilateral entre el Mercosur y los Estados Unidos, dentro del formato "4+1". Incluso este formato podría responder al precedente que se ha establecido, tanto en las negociaciones del Mercosur con México como con la Comunidad Andina, en la que cada socio negocia bilateralmente, pero en el ámbito de un marco común establecido por el propio Mercosur. No es un formato que pueda en este momento ser descartado por completo.

Finalmente, la tercera conclusión es que más allá de lo que ocurra en los respectivos frentes negociadores, el país y sus empresas deberán acentuar significativamente sus esfuerzos de competitividad global y regional, para lo cual es fundamental crear condiciones internas de estabilidad y previsibilidad, que permitan efectuar inversiones y trazar estrategias de penetración de terceros mercados, aún en el caso de que las respectivas negociaciones fracasen o no obtengan sus plenos resultados. Las negociaciones comerciales internacionales, no sustituyen la necesidad de tal esfuerzo. Incluso los suponen. Su ventaja, de concluirse exitosamente para los intereses nacionales, sería en todo caso el de potenciarlos.


Félix Peña es Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC; Director de la Maestría en Relaciones Comerciales Internacionales de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF); Miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Miembro del Brains Trust del Evian Group. Ampliar trayectoria.

http://www.felixpena.com.ar | info@felixpena.com.ar


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